Un día como hoy, hace 39 años, comenzaba la etapa más oscura de nuestra historia. El autoproclamado “Proceso de Reorganización Nacional” ponía fin al gobierno de Isabel Perón, para dar inicio a una época caracterizada por la tortura, persecución, muerte y apropiación de criaturas inocentes.
El terrorismo de Estado persiguió con brutal ensañamiento a todo aquel que no estuviera alineado con los criterios y objetivos de los golpistas, considerando que estaba «infiltrado» por el «germen» subversivo.
Con grupos de tareas organizados salieron a cazar- literalmente- a dirigentes políticos, sindicalistas, comisiones internas, religiosos y todos aquellos que intentaran levantar su voz contra este genocidio sin precedentes.
Como manifestara el Secretario General de la Confederación General del Trabajo (CGT), Hugo Moyano, en su discurso de 2006: “Quisieron acallar la voz del pueblo y después vino la tragedia: la pérdida de 30.000 vidas de hermanos y la instalación de la dictadura financiera. La dictadura militar torturaba, la dictadura financiera mataba a nuestros niños de hambre. La dictadura militar perseguía, la dictadura financiera dejaba sin trabajo a nuestros hombres y mujeres, endeudando a nuestro país, dejando al pueblo argentino en la degradación».
Uno de los estamentos que sufrió una sistemática persecución, detención y posterior desaparición fue el periodismo, quien padeció de la crueldad de los militares “iluminados” que “venían a poner orden” a un país al que consideraban a un paso de la anarquía.
El mismo 24 de marzo de 1976, la Junta de Comandantes en Jefe en su comunicado Nº 19 hizo saber que sería «reprimido con reclusión de hasta 10 años el que por cualquier medio difundiere, divulgara o propagara noticias, comunicados o imágenes con el propósito de perturbar, perjudicar o desprestigiar la actividad de las fuerzas armadas, de seguridad o policiales».
La desinformación y la censura estaban a la orden del día, sino basta con observar lo que publicaba en un memorando interno -número 44- el diario cordobés “La Voz del Interior”, fechado el 24 de abril de 1976, dirigido a la Secretaría de Redacción del matutino: «Córdoba, 22/4/1976. Por disposición de esta Dirección, y con motivo de las directivas del Comando del III Cuerpo de Ejército en el día de la fecha, no se deberán publicar reclamos de familiares de presuntos detenidos que deseen conocer su paradero».
En el caso particular de la Agencia Télam, la Dictadura Militar le quitó la vida a tres compañeros: Alejandro Martín Almeida, Célica Elida Gómez Rosana y Héctor Jesús Ferreyros, mientras que a otros se los prohibió y consideró potencialmente peligrosos, a ellos nuestro sincero recuerdo y homenaje.
Alejandro Martín Almeida (hijo de Taty Almeida) desapareció el 17 de junio de 1975, antes de la concreción formal del golpe del 24 de marzo de 1976, pero cuando ya se había desatado un proceso terrorista empujado por los mismos sectores del poder económico que instrumentaron el fallido «Rodrigazo» el 4 de junio de 1975 y cuyo fracaso los convenció de la necesidad de apelar a los militares, como lo requiriera ese mismo año José Alfredo Martínez de Hoz al disertar en la Bolsa de Comercio de Buenos Aires.
Célica Elida Gómez, nacida en Uruguay y militante de la izquierda oriental, fue secuestrada el 3 de enero de 1978 al salir de una de las sedes de Télam y tras permanecer oculta en la Argentina fue enviada en secreto a su país de origen donde tras padecer el calvario de las torturas fue asesinada.
Héctor Jesús Ferreyros, periodista vinculado con el Partido Popular Cristiano, había sido parte del Frente Justicialista de Liberación que llevó a la victoria a Héctor José Cámpora el 11 de marzo de 1973.
Ferreyros llegó a la agencia de la mano del director Sergio Cerón, se desempeñaba en la sección política y fue separado de la agencia apenas iniciado el golpe, por lo que ya no estaba en la misma cuando desapareció el 31 de marzo de 1977, hasta que el 6 de abril de ese año su cadáver, con muestras del maltrato recibido, apareció tirado en el Gran Buenos Aires.
La Agencia Télam fue tomada por los militares ni bien comenzó el golpe del 24 de marzo, durante la madrugada, impusieron sus nuevas autoridades, desplazaron al entonces director Américo Rial y rápidamente pusieron un cartel en el ingreso al viejo edificio de Chacabuco 142 con los nombres de los compañeros prohibidos, a quienes luego se los consideró potencialmente peligrosos mediante una resolución oficial.
Uno de ellos fue Ferreyros, otro el periodista Fernando Del Corro, quien -con el correr de los años- fue reincorporado a la agencia donde continúa trabajando. Los otros compañeros excluidos fueron Pascual Albanese, Hernando Kleimans, Luis Santagada, Pablo Iezzi, Marcelo Eduardo Pitchel, Eduardo Marsillach, José Carlos Cabeza Miñarro, Luis Castellanos, Daniel Vic Rubio, Ricardo Luis Agazzi y José María Bacigalupe.
En conmemoración de quienes resultaron víctimas del proceso iniciado en esa fecha del año 1976, se instituyó el día 24 de marzo como Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia, mediante la Ley de la Nación N°25.633 en el año 2002.
Es sabido que quien no conoce su historia está condenado a repetirla, por eso la importancia de mantener viva la memoria, para que aquellos que no padecieron la violencia y atropello de la dictadura militar sepan por qué debemos defender la democracia.
Lamentablemente, algunas personas aún “desconocen” el pasado más oscuro de nuestro país, y proceden de una manera que los asemeja más con los regímenes totalitarios.
Desde el SITRAPREN tenemos la obligación de llamar a la reflexión a aquellos que, incluso siendo abogados, impulsan falsas denuncias penales contra compañeros de trabajo o piden la intervención de gremios, cualquiera sean las circunstancias que lo motiven a ese accionar. “¿Qué hubiera ocurrido si en plena época de la dictadura militar se hubiera hecho una denuncia de ese tipo, si se hubiera acusado a algún compañero con falsos fundamentos?” Sabemos que nada bueno le hubiese sucedido a esa persona y que ese gremio intervenido hubiera sido arrasado.
Por acontecimientos como estos tenemos la obligación de trabajar por mantener viva la memoria por la verdad y justicia. Desde el SITRAPREN, participaremos el próximo 26 de marzo del acto de reparación del legajo de Osvaldo Paryszewski, trabajador del Ministerio de Trabajo detenido y desaparecido por la dictadura cívico militar.
La ceremonia, organizada por la Oficina de Asesoramiento sobre Violencia Laboral, consistirá en una reparación histórica que limpiará el legajo del compañero, que hasta la actualidad figura como cesante por abandono de tareas, dignificando de esta forma su trabajo y su lucha.
Por último, llamamos a todos los argentinos a no olvidar, a continuar en esta tarea de hacer valer el ya famoso “Nunca más”, porque “somos nuestra memoria” y porque no permitiremos que nos arrebaten la democracia.
«…Si quieres la paz, trabaja por la justicia. Si quieres la justicia defiende la vida. Si quieres la vida, abraza la verdad…».
Juan Pablo II
COMISIÓN DIRECTIVA
Buenos Aires, 24 de marzo de 2015
https://www.youtube.com/watch?v=a-8BtIMB_N0